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miércoles, 9 de abril de 2014

¡Cuanto me dueles, Patria!



¡Cuánto me dueles, Patria!

El aire gélido

transformado en viento

es la protesta del suelo

que, bañado en sangre,

se queja.

 

Oh, suelo que estás dolido

por el fluido vital que recibes,

tus brazos de consuelo abres

a quien al polvo regresa.

 

¡Ay, Patria!

 

La patria mía.

 

¡Cuánta sangre en tu seno!

¡Cuánta sangre recibes!

 

No importa si hombres viriles;

no importa mujer o niño.

La escoria de los hombres viles

Asesta la muerte y se esconde.

 

¡Ay, Patria!

 

¡La Patria mía!

 

¡Cuánto me dueles mi Patria!

viernes, 3 de enero de 2014

Georgina Palacios


Cursilería

Corazón roto, jirones del alma
Cayeron al piso donde recibieron
La más dura paliza.

¡Pobre corazón herido!
¡Pobre alma hecha pedazos!
Ya ni los poetas los toman en serio.

Lágrimas que fluyen, corazón que anhela
Ya no son los temas para los poemas.

Sangre circulante, fragor de la lucha,
Cuerpos descarnados, zombis ambulantes,
Son los nuevos tópicos de la poesía.

Buscar las palabras que al público impacten,
Como disonancias en séptimas y segundas.
Útiles sonoros, ya no más violines.

Corazón roto, alma hecha jirones,
Levántese y vayan a buscar remedio
En la psiquiatría.

Georgina Palacios


Haikus hilvanados

Año, medida
del tiempo que el hombre
Ha inventado.

Ya has partido
Llevando contigo un
caudal vivido.

Ahora inicia,
Del planeta, otra vez,
Ciclo eterno.

Ruta continua
alrededor del astro
y jamás cambia.

En el devenir
El tiempo no cambia
Sino los hombres.







martes, 3 de septiembre de 2013

Georgina Palacios


Y, ¿tú me juzgas?

Y, ¿tú me juzgas?
¿Cómo puedes juzgarme
sin haber vivido el dolor tan inmenso
que he vivido yo?

¿Tú me juzgas?
¿Cómo puedes juzgarme
cuando me empujaste a un abismo profundo 
que, yo sin saberlo, estaba a mis pies?

Pero, ¿tú me juzgas?

¿Cómo puedes mirarme
de esa manera que al tiempo que sufre, 
censura y condena con dura obsesión?

¡Tú me juzgas!
y también me condenas por mala mujer, cuando antes,
virtuosa e ingenua, mi amor te entregaba en dulce embriaguez...

¡Tú me juzgas!

Cuando tus palabras de enojo y de ira,
terribles e hirientes, 
mataron mi esencia, mataron mi ser!
Cuando tu injusticia me echó de tu lado a la fría intemperie,
más fría y oscura mientras más lejos estaba de ti.

La fría agonía atacaba mi alma
que no comprendía tu cruel proceder;
mi único amigo era el llanto
que con imprudencia brotaba al azar.

Y tú, ¡me juzgas...!
  
Cuando en calles oscuras y frías
erraba mi alma sin rumbo y sin fe,
en rebeldía y enojo,
¡enorme pecado contra mi Señor!
No podía encontrar el consuelo,
no podía encontrar la razón 
por la cual parecía perdido l
o que casi alcanzaba en profundo querer.

Tú me juzgas.

Mas no sabes que estando en un hades privado
que no me dejaba vivir
se acercó con palabras muy dulces y halagos
y me hizo creer 
que no era contigo ni otro,
con quien yo debía la vida pasar; 
que sólo él, con titánica fuerza,
podía quitarme el infierno
alojado en mi corazón.

¡Qué palabras tan dulces,
qué tan dulces acciones
tenía en su proceder!

Hoy comprendo por qué Madre Eva escuchó a Lucifer.

¡¿Y, aún me juzgas?!

No te culpo por mis decisiones,
yo culpo al dolor 
que terrible cual gélida bruma
nubló mi visión.

Escuché sus palabras
y escuché tantas otras,
para hacerme torcer el saber
que el pecado en sí mismo,
a la muerte te lleva arrastrado,
inclemente y atroz.

¡Sí,  me juzgas!

Y me condenas de nuevo
al destierro de tu corazón;
y al emitir tu sentencia tajante
también te condenas a perder el amor.

Este amor verdadero,
profundo y sincero
que fue lo que me hizo no perecer,
cuando el hombre
malvado y abyecto se dio a conocer.

¡Me juzgas¡

Y no sabes qué es lo que se siente a tu despertar
cuando enfrentas aquello que hiciste en momentos
cuando a tu conciencia hiciste callar.

El horror que  se viene a tus ojos
al poder contemplar 
consecuencias de sangre y de muerte,
de heridas y sal.

Me juzgas…

Cuando en arrepentimiento corrí a mi Señor, 
que en Su Misericordia infinita retó a su alrededor:
"El que libre esté de pecado puede comenzar..." 
mas ninguno la piedra en sus manos atrevióse a lanzar.

¿Es que crees acaso que tú eres mayor
que el que juzga en Divino Derecho y me dio su perdón?

¡No me juzgues!
¡No tienes derecho!
¡Recuerda muy bien,
 que si tú me juzgas,
la vara que uses,
en ti se usará!

El que libre esté de pecado puede comenzar..." mas ninguno la piedra en sus manos atrevióse a lanzar.


¡Me juzgas¡ Y no sabes qué es lo que se siente a tu despertar cuando enfrentas aquello que hiciste en momentos cuando a tu conciencia hiciste callar.

martes, 20 de agosto de 2013

Georgina Palacios

El toque de tus manos

Es tan cálido y provee tanto bien
que el cansancio se olvida;
las tensiones se relajan
como nudos desatados
y me siento en libertad.

Es el toque de tus manos
que se mueven libremente
en la superficie de mi cuerpo
provocando ¡tantas cosas!
y con tanta habilidad.

Es el toque de tus manos que se mueven libremente.

lunes, 19 de agosto de 2013

Georgina Palacios

A la distancia

Como dentro de una bruma

llegó ese sonido que explotó en sus oídos

haciendo que perdiera el equilibrio;

creyó que era una alucinación

y elevó los ojos buscando una señal

de que estaba equivocada.



En fracciones de segundo,

que parecieron eternas,

pasaron ante sus ojos escenas,

hechos que había tomado

como normales.



Fue como vivir su vida otra vez

pero, con la experiencia acumulada

haciendo que sus ojos prestaran atención

a los sucesos que se dieron.



Al pasar del tiempo,

Al aumentar la distancia,

Al asentarse las aguas,

Comenzaron a verse detalles,

Se percibieron sombras, imágenes

Que, en su momento,

no fueron tomadas en cuenta.



Una actitud, una vibración,

Una palabra eran pistas

De que algo ignoto ocurría.

Algo que su ingenuidad no permitió

Captar en su total plenitud.



Quiso decirle que no prestara

oídos a esa boca malintencionada;

que sólo quería apartarlos;

que sólo quería ser ella

quien hablara a sus oídos y

miraran sus ojos.



Sin embargo, al encontrar esa mirada,

se dio cuenta de que no era un sueño;

y recibió el segundo disparo

que partió en dos su corazón.

martes, 13 de agosto de 2013

Georgina Palacios



Aún te amo, pero ya no te quiero

Es el caso de que el amor permanece,
Mas el querer estar cerca,
El deseo de estar a tu lado se ha ido:
Te amo, pero ya no te quiero.

Son profundas raíces que al fondo del alma llegaron
Y con el tiempo crecieron y se hicieron tan fuertes
Que resistieron terribles eventos;
Que contra viento y marea permanecieron.

Ya me he ido,
contra lo que yo misma creí.
El amor aún vive en mi para ti;
Pero, lo que sucede es que yo,
Más que a ti,
a mí misma me tengo que amar.

Georgina Palacios

No tropezaré de nuevo con la misma piedra


Habiendo retomado el camino,
por un momento
creí haberme equivocado;
mas, cuando recordé 
cuán dura esa piedra fue,
cuánto dolor experimenté,
aún limpiando la copiosa sangre 
que brotó por la inflingida herida, 
no pude pensar más
que hice bien en desandar lo andado.

Otro camino andaré; 
otras piedras estarán;
mas espero que aquél
que me ha de acompañar
no use esas piedras del camino
como armas contra mí.

jueves, 1 de agosto de 2013

Georgina Palacios



Al partir de tu lado

Aún ahora cuando me voy
debo agradecerte la lección
de que un camino,
al ser ya recorrido,
a ningún otro sitio te lleva
más que al que ya has conocido.

Puede que a veces
menos piedras encuentres;
puede que a veces
aún encuentres flores,
mas el destino a
donde antes llevara,
ése, no cambia;
ése, no cambia.

...mas el destino a donde antes te llevara,
ése, no cambia; ése, no cambia.
...mas el destino a donde antes llevara,
ése, no cambia; ése, no cambia.
...mas el destino a donde antes llevara, ése, no cambia; ése, no cambia.

viernes, 12 de julio de 2013

Georgina Palacios

Parálisis congestiva

¿Cómo podré decirte adiós
si las palabras se han ahogado
sin poder pasar de la garganta?
¡Los besos retenidos se han trabado
y formado un atasco con tal aglomeración   
que esta congestión forma un tapón
que me lo impide!

¿Cómo podré permanecer aún junto a ti,
si los abrazos que no he dado
los brazos me han congelado?
Del corazón son los latidos que me ordenan
elevarlos para así atraer tu cuello;
mas el hielo que hay en ellos
no me deja y desespero.

Quiero irme, y no quiero.
Deseo quedarme, y ya no puedo.

¡Oh, Dios, dame la fuerza para
poder romper el hielo;
para que esta congestión en mi garganta pase
y poder, así, decir adiós! 

lunes, 8 de julio de 2013

Georgina Palacios





Si no quieres que te ame,

enséñame cómo.

Si no quieres que te ame, 

así, como eres, tienes que dejar de ser.

Si no quieres que te ame,

ese corazón escondido dentro de tu pecho,

otro rostro habría de tener.

Si no quieres que te ame, 

otro, tienes que ser.



Si no quieres que te ame,

enséñame cómo.

Enséñame a no ver

esos gestos que te hacen singular.

Enséñame a no ver

que la poesía puedes disfrutar.

Enséñame a no ver

que cuando sientes que la vida

se te hace cuesta arriba,

hacia Dios tus ojos alzas.



Si no quieres que te ame,

enséñame cómo.

Enséñame a no ver ese niño que vive

en tu cuerpo de hombre.

Enséñame a no ver tu ser interno;

Enséñame cómo

no amarte.

miércoles, 3 de julio de 2013

Georgina Palacios


No quisiera tu tristeza, pero, si acaso ésta, te ahoga,
acá están mis hombros para que apoyes tu cabeza
y dejes tus lágrimas fluir;
mis manos aquí están para secarlas 
y mi boca, para darte las palabras de consuelo.

No sólo es consuelo lo que de ti quisiera;
además, quiero tu boca lista para darme besos,
pétalos consoladores,
y formar así, guirnaldas en mi cuello
con tus flores de divinos colores. 

Mi boca, que humedece el deseo y el amor,
presta está para brindarte su consuelo
con la caricia de mi lengua y de mis labios
que ansían probar de nuevo la salobre dulzura de la tuya.

¡Cuidado!
Alguien toca las fibras escondidas de tu alma
haciendo vibrar con ímpetu aquello que no dormía,
sino, quieto y callado, agazapado, permanecía
esperando permitirle a su voz salir
cual música de gemidos y pasion.

Amigo mío, amado amigo:
He cumplido esta promesa:
hoy tomé tus palabras y las mías,
y las hice poesía.

miércoles, 19 de junio de 2013

Georgina Palacios


Promesa Incumplida

No pude dejar de amarte;
tu alma me cautivó.
Mis pies corrieron ligeros,
mis ojos dejaron de verte,
pero, a pesar de mí misma,
cumplir mi promesa no pude;
tu alma me cautivó.