viernes, 1 de mayo de 2015

COGITACIÓN QU


Simíliter Cadens
preeminencia, baraje de la conciencia
veces la desdicha, única inconsciencia
¡ despierta!, y desemboca la humildad
la sublimidad, la energía de la bondad

invocación de la existencia complaciente 
la controversia se hace presente y alarmante 
las discrepancias uncidas en desconcierto
buscando la equidad en la respuestas vivas

promontorios de equívocos entrelazados
confusos espejos en añicos, circundantes
reflexionas y refracciones tanto semejantes
avocado a la desinencia de la mete parlante

lo real de lo subliminar se entrecruzan solas
las vertientes se asemejan a profusas olas 
la calma , inquieta, ve avecinar falas vitolas
la pericia en las decisiones, lentas caracolas

vendavales y manantial afluentes en desigual
la discordia pide piedra donde poderse sentar
arrinconadas las ideas, se exprimen el pensar
la lucidez lucida, algo distraída se a de imperar,
¡ parece igual!, priva lo que podamos equivocar

conclusa marea, abierta la esclusa, ¡respira...!
toma el aliento, del arrepentimiento, ¡ y mira!
recapacitar, lo errado determinado,¡ y suspira...!
la conducta abrupta , retraerla, reprímela, ¡ la ira!

sopla el aliento, es buen momento que se acerca
expulsa en sorbetes, lo que pudiera ser tu cerca
líbrate de las indecisiones y abre tus compuertas
pues de sabiduría sabe mas el caracol en su huerta
similicadencia en espiral, aun viendo la verja abierta.

NOTA QU: homeóptoton o simíliter cadens, 
similicadencia propiamente dicha (igual flexión).

María Marta Stanganello



Tomar consciencia de las margaritas
justo en el corazón 
ahí
en ese lugar 
donde otras flores no caben...
ellas.. no otras deben estar 
ya un par de rosas 
se fueron sobresaltadas
y a un jazmín
lo dejaron inquieto 
llorando un tango ...
Tomar consciencia de las margaritas
justo en el latido exacto
en ese lugar
cercano a la sin razón
alejado de lo terrenal y mundano
será siempre señal de sangre despabilada ...
Tomar soplos de simpleza
como desafío automático...
porque trasgredir en el óxido del tiempo
es tarea sintética para espíritus con pájaros (...)

Javier Sarasola Ruiz




POESÍAS BREVES


VIII
Confieso que he amado la lluvia,
que me he perdido en tus ojos,
que he sido, alguna vez, 
un breve rumor de lágrimas ajenas
y de brumas.
Confieso que he amado al viento
y al alba y a los vuelos.
Confieso que te he amado
como un verso del pasado
cantando al futuro.

IX
Diría que te quiero en la noche,
diría que te quiero en el amanecer,
pero diría, esta tarde,
que te quiero mientras la vida nos permita
amar las noches y los amaneceres
y estas estrellas brillantes.

X
Breves nacen, poesías,
de mis manos, cuando
acarician el río tibio
o tu piel o tu boca.
Breves como una 
despedida.

ESPERPENTO


Y ahí, todo abandonado,
Deshuesado,
Reducido a una vorágine amorfa
Tras haber lamido cada gota
De la locura agria, dulce, ardiente,
Que fluye por lo más oculto
De la experiencia aberrante;
Alzo mis ojos nunca contritos
¡Pero si doloridos!, para entrever
En la palabra derrumbada 
La lumbre tenue de la Muerte
Que da vida a todo fin…
¡Oh poeta, vampiro o perversión!
El hombre desciende de las ramas 
O de las sombras que cuelgan desahuciadas
En el propósito de fugarse del ensueño.
Y el alma: ¡La Poesía!,
Atrás en el abismo
O en el cenicero de la honda inmensidad,
Consumiéndose poco a poco
Como las cascadas ya extintas 
Que en su caída perenne al no-ser, contienen
Todo el fuego incandescente de la mar.
Ya los pasos furtivos no recorren caminos,
Sino que la noche insomne 
Es el estrépito de un día más.
Ya los brazos no conocen la batalla,
Pues ante el peso de las cadenas 
Se han sembrado en tierra muerta
Para dar como fruto
El sol negro de la sumisión.
¡Oh poeta, vampiro o perversión!
El hombre de hoy, ¡el tecnológico!,
Es el vil desprecio de su propia idealización.
Tan ciego y tan yerto está en vida
Que no siente cómo bulle la revolución
En la hendidura de su verbo contristado.
Cómo duele haber perdido los huesos
Para descubrir que
El hombre desciende de las ramas 
O de las sombras que cuelgan desahuciadas
En el propósito de fugarse del ensueño.

FUGA DEL PARAÍSO


-IV-

Soy lobo estepario,
La soledad del horizonte es mi mundo,
Me apareo solo cuando hay luna celestina en el cielo,
Oleaje soy si estoy anclado a tu cintura Mujer.
Escribo poesía no solo con mis labios en tu cuerpo,
Poeta soy si estoy haciendo el amor en un poema.
Argonauta soy cuando me encuentro 
indefenso ante el vellocino de tu sonrisa.
Me das motivos para delirar si me besas.
Disfrazado de suspiro después de medianoche
tejo telarañas con mi boca en los rincones
húmedos de tibieza de tu piel.
Si he de amarte en un acto de locura
Déjame ser nostalgia en tu memoria,
Suspiro que escape de tus labios
Para cuando la noche encienda luna llena,
y donde yo estuve en Ti haciendo poesía
encienda llama y voz silenciosa en tu carne.

domingo, 29 de marzo de 2015

CONFITEOR

Creo que puedo afirmar, sin temor a quedar como vanidoso, que soy una persona bastante sociable. Bueno, es que en verdad me gusta vincularme con la gente, generar lazos, estar al tanto de lo que sucede en diferentes ámbitos, por eso -entre otras cosas- suelo ir a todas las fiestas o reuniones a las que me invitan, aunque la única persona que conozca en el lugar sea la que decidió llevarme. Todo va bien hasta que esa misma persona que me invitó, en algún momento en el que se produce una pausa silenciosa, tiene la despreciable idea de señalarme con el dedo y decir en voz alta, para que todos lo escuchen: Un minuto de atención, por favor, quiero que sepan que mi amigo es escritor. Uuuh, perolaputamadre. En ese instante sucede algo muy difícil de explicar, la comunicación de mi compañero provoca una serie de vibraciones sutiles en el aire, muy parecidas a las del efecto doppler, que hacen que la atmósfera de la reunión cambie, como si todos los concurrentes -lenta y gradualmente- se acomodasen en sus sillas y adquirieran atributos que segundos antes no habían mostrado, la indecisión del Príncipe Hamlet, el idealismo del Quijote, la desvergüenza de Ana Karenina, la crueldad del payaso Pennywise; es lo más parecido que puedo imaginar a un cambio repentino de dimensión o de plano. Lo cierto es que después de algunos comentarios y preguntas acerca de mi actividad, todo vuelve a la normalidad y los invitados continúan comiendo, bebiendo y contando sus aventuras cotidianas. Pero no, la información queda registrada en la mente de cada uno y ya nada es como en un principio. Entonces, en algún momento en el que sólo estoy prestando la cara porque no tengo otra cosa mejor que hacer que reflexionar sobre la enorme cantidad de insectos que hay en la selva amazónica, descubro que varias personas están mirándome fijamente, sonriendo con picardía. Hasta que alguna se anima y me lo suelta: Supongo que estarás tomando nota de todo lo que hablamos, con nuestras anécdotas vas a tener letra para escribir un libro entero, ¿no? Yo callo, sí, callo y aprieto los labios para no dejar escapar una sílaba, pero digo que sí con un movimiento tonto de cabeza, ofrezco una sonrisa indulgente y bajo la mirada, mientras por dentro le grito al tipo que no, que ninguna de las historias que contaron podría servirme para escribir nada de nada, porque son cosas obvias, aburridas, frívolas, triviales, le revelo que ni siquiera podría armar una oración interesante basada en lo que oí durante la reunión. Sin embargo, al tiempo me sorprendo escribiendo -con mucho empeño- un texto atípico como éste, un inclasificable que roza la confesión lisa y llana, y entonces me doy cuenta de que ellos, los invitados, tenían toda la razón.


Dedicado a Ato.