Letras Libres es un programa radial cultural independiente sentipensante en el cual buscamos abrir el espacio a la imaginación y la reflexión.
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viernes, 2 de mayo de 2014
Ana María Manceda
NADA ES MÁS BELLO
Nunca imaginé que en este viaje de reencuentro con mi hijo recibiría la noticia más deseada; su regreso definitivo a Madrid.
Llegué al aeropuerto de Arlanda por la mañana, René me estaba esperando con la cara encendida de emoción ¡Qué felicidad! Es la primera vez que lo vería tocar con la filarmónica en el Teatro Real de la Ópera de Estocolmo. Abrazados esperamos el tren, en quince minutos estaríamos en el centro de esta bella ciudad posada sobre catorce islas en el punto que el lago Mälaren se une al mar Báltico. Cuando bajamos sentí que entraba a un mundo mágico, no solo era por la belleza de los edificios barrocos o neobarrocos, sino también por su atmósfera transparente, con halos que jugaban en el aire formando dibujos geométricos con el colorido del arcoiris, luego me enteré que eran microscópicos cristales de hielo que a manera de prismas descomponían la luz.
Al otro día de mi llegada ocurrió el gran acontecimiento, René partió temprano hacia el teatro, yo iría a la hora del concierto pues recorrería parte de la ciudad. Fue un muy buen paseo, ya cerca de entrar al teatro admiré la iglesia roja de Sant Jakobs que estaba detrás de la estatua de Gustav Adolfo II, enfrente del maravilloso Teatro Real de la Ópera.
Con la sala colmada y reluciente saboreé la espera. Comenzó el concierto, la melodía del “Bolero de Ravel” me seducía, busco la silueta de mi hijo, allí está, en la tercera fila, imagino en su cara la expresión de deleite mientras ejecuta su violín.
Al terminar la función lo espero en el hall del teatro, iríamos a comer algo al restaurant Operakällaren de estilo neobarroco que se encuentra en el mismo edificio. Siento los brazos de René.
─Madre ¡Qué felicidad tenerte! Vamos a comer algo.
Mientras comemos me sorprendo al mirar por la ventana; unas plumas de nieve se balancean en al aire hasta caer en la vereda.
─Bella ciudad René y el teatro, el concierto, todo parece un cuento, pero estar lejos es doloroso hijo.
─Ya no va a ser así, pienso regresar a Madrid con ustedes─ dijo terminante
─¿Qué ocurre? ¿Y esa decisión?
─Mirá, ya es bastante haber dejado la Argentina, extraño mucho. Además el idioma y otra cosa, me respetan, me valoran como músico pero yo siento una fina discriminación. Siempre me ubican en la tercera fila y yo sé que estoy preparado para otro rol en la orquesta.
Lo miré estupefacta, no quise emitir opinión, estaba aturdida ¡Suecia es uno de los países de mejor estándar de vida y de cultura¡ Le tomé la mano, sabía que faltaba tiempo y sabiduría para extirpar ese prejuicio hacia pueblos latinoamericanos. Miré las plumas de nieve que caían, era una manera de querer atrapar el espacio y el tiempo. Miro a mi hijo, le acaricio el pelo oscuro que parece brillar como los halos de hielo y supe que nada era más bello que ese instante.
jueves, 16 de mayo de 2013
Ana Maria Manceda
DOS COPAS DE VINO Y LA VIDA.
¡Cómo olvidar! Todo fue maravilloso; el viaje desde Buenos Aires, el Congreso Arqueológico, Madrid. Vertiginoso, quería verlo todo, vivir. El grupo de congresistas no quería perderse nada, todas las invitaciones eran aceptadas. Así fue como organizamos la excursión a Toledo, tú Jordi deseabas presentarnos tu bella ciudad y tu fantástico hogar situado dos metros bajo tierra ¡estabas tan entusiasmado mostrándonos el tesoro que poseías! Te habías comprado esa casa en tu ciudad natal, muy estrecha, debiste edificar hacia arriba y hacia abajo.— Es una cueva de la época de los romanos— nos explicabas fascinado y nosotros escuchábamos de igual manera, éramos jóvenes arqueólogos ávidos de experiencias aunque tú ya estabas un escalón más al ser titular de una cátedra. Fue una experiencia inolvidable. Yo no podía dejar de mirarte, tu postura y tus ojos delataban la mezcla étnica, eras un imán. Ya en Madrid fue la cena de despedida, al finalizar me acompañaste hasta la habitación del hotel, busqué un buen pretexto para invitarte a pasar, tenía unos artículos del profesor que tanto admirabas. No te despedirías así como así querido Jordi, te invité una copa de vino, y tu mirada a través del violeta de la copa insinuante de siglos, ya me había poseído.
Un nuevo congreso, esta vez en mi tierra; la Patagonia. Pasaron veinticinco años y tantas cosas en el mundo y en nuestras vidas. Cayeron el Muro de Berlín y el apartheid, aunque no las desigualdades, siguen las luchas por el poder, nos acecha el calentamiento global, ambos tenemos matrimonios frustrados, hijos, pero las pasiones no cambian querido profesor, no cambian.
Te veo bajar del avión, con tu prestancia, canas y esa mirada ardiente. Te prometo Jordi que esta noche estás invitado a cenar en mi casa patagónica, de mujer sola, con hijos independientes. No tengo una cueva romana ni la juventud que nos arrolló en Madrid pero te brindaré una copa de vino color ciruela, coloreado por los valles de estas tierras, y mientras nos amamos, escucharemos el silencio de la nieve que se avecina sobre la ausencia de estos años.***
Seleccionado por editorial Dunken Bs.As para la antología “Senderos con historias” 2012
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