viernes, 3 de enero de 2014

María Amparo Lamas Abella


Mezclas con diferencias.

Algunos nacen,
para ser melodías y rezos de aliento.
Otros para recitar a solas,
sus poemas por dentro.

Algunos surgen,
para ser aliados de la esperanza.
Otros piden auxilio,
en cada suspiro.

Algunos brotan,
asistiendo a mil partos por día.
Otros se adormecen,
sin germinar realmente.

Algunos son simpáticos,
otros agridulces.
Unos son valientes,
otros seres insulsos.

Varios aman, ríen
comparten y se marchan.
Distintos se mueren,
sin haberse regalado en nada.

Algunos son brillantes.
Otros no pintan nada.
Algunos son cantantes,
otras bailarinas.

Algunos son compasivos.
Otros caníbales sin medida.
Algunos lo regalan todo.
Otros ,en absoluto, lucharán por nada.

Que venga la revolución
de todas las formas de ser.
Para que seas tú
ese, que por ahora,
nunca has sido.


Y yo, entre tanta mezcla, soy única,
algunos días, diminuta.
Aguacero, nieve blanca,
tierra mojada y abonada.
Chiquilla, poeta, cantarina.
Brújula para mi vacio,
fuente de agua clara.
Nenúfar bañándose,
en un estanque sin ranas.
Un diamante con sentimiento,
que irradia el camino.
Un corazón palpitando
en una esfera humana.
Una mujer con briznas de niña.
Un ocaso, un soplo de aire divino.
Ciertos días, un halo que apenas se percibe.
Por días, terremoto natural.
Por siempre,
línea vinculada a la vida.

María Amparo Lamas Abella

El glamour.

Belleza oculta,
inundando lo superficial.
Ternura invadiendo,
milímetro piel a piel.
El hechizo de unos ojos al mirarme,
sin vaciarme.
Almíbar que da el pecho al ser.

La elegancia de sobreponerse a las cornadas.
Dibujar una flor en la válvula roída,
ojal abierto al borboteo de sangre.

La fascinación por el paisaje,
aunque no te acepte en su bando.
La veneración por la alegría,
aún cuanto ella pase de largo.

La atracción,
magnificación,
glorificación de todos tus ciclos.

El saber bailar con pies descalzos,
comprimir las ampollas,
sin hacerlas caso.

El formar parte de un coro celestial,
disminuido en oído, 
nulo en canto.

El trazar siendo manco,
delineando sin cuartilla ni lápiz.
Ocultar las miserias en un petate.
Destacar con purpura decencia,
tus cualidades y encantos.

Bailar con lobos sin que te ataquen.
Sacarle la lengua al desastre.
Llorar sin derrumbarse.
Reír sin asfixiarse.
Vivir sin agarrotarse.
Soñar con insomnio,
elevarse.

Modesto Iván Zepeda Jr


Frío 

Tengo frío, mucho frío, un frío que quema, un frío que cala hasta mi alma. Padezco de un frío de soledad, de tristeza, por la pobreza en que vivo sin tener un amor. Cada día que pasa me congeló un poco más, tengo frío de sonrisas, de caricias, siento frío de ausencia, de aislamiento. Siento el viento helado recorrer ensañadamente mi ser, pero se que tarde o temprano un calor hará este frío fenecer. 

Georgina Palacios


Cursilería

Corazón roto, jirones del alma
Cayeron al piso donde recibieron
La más dura paliza.

¡Pobre corazón herido!
¡Pobre alma hecha pedazos!
Ya ni los poetas los toman en serio.

Lágrimas que fluyen, corazón que anhela
Ya no son los temas para los poemas.

Sangre circulante, fragor de la lucha,
Cuerpos descarnados, zombis ambulantes,
Son los nuevos tópicos de la poesía.

Buscar las palabras que al público impacten,
Como disonancias en séptimas y segundas.
Útiles sonoros, ya no más violines.

Corazón roto, alma hecha jirones,
Levántese y vayan a buscar remedio
En la psiquiatría.

Georgina Palacios


Haikus hilvanados

Año, medida
del tiempo que el hombre
Ha inventado.

Ya has partido
Llevando contigo un
caudal vivido.

Ahora inicia,
Del planeta, otra vez,
Ciclo eterno.

Ruta continua
alrededor del astro
y jamás cambia.

En el devenir
El tiempo no cambia
Sino los hombres.







Humberto Dib


En el sur también canta el ruiseñor

Vivíamos en el norte, eso decían.
Desde muy pequeño soñaba con cruzar el río, porque así podría conocer la otra cara del Sol. Todos los días me acomodaba en la arena para observar el recorrido de esa esfera magna, desplazándose de izquierda a derecha. Bueno, esto recién lo supe cuando comprendí qué demonios significaba izquierda y derecha, lo que resultó bastante simple: la derecha era la mano con la que escribía. Entonces, sentado en la ribera, veía al Sol trazar un arco agudo perfecto, lentamente, hasta desaparecer por el lado de mis letras. El río no era demasiado ancho, pero sí muy profundo y peligroso, y no había puentes cerca. Sólo me tranquilicé cuando me dijeron que algún día conseguiría llegar a la otra orilla, pues me aseguraron que era una cuestión de tiempo, de edad.
Si cuento esta historia es porque finalmente atravesé el condenado río. Por desgracia, descubrí que desde este lado se ve la misma cara del Sol y que aquí también se desplaza de izquierda a derecha. Aunque esta vez me resultó más sencillo entenderlo: la mano derecha fue el precio que el botero me cobró para cruzarlo. El río, me refiero, el Sol ahora sé que no es tan fácil.

Oscar Patricio Novoa