sábado, 5 de abril de 2014

Trenzas para un amor sin regreso



TRENZAS PARA UN AMOR SIN REGRESO

Prendida la hoguera
muy tibia la cama,
comida en la mesa,
la cara pintada,
espera la esposa
muy enamorada,
al esposo bueno
que ella tanto amaba.

Era un buen domingo
que mucho anhelaba,
pasadas semanas
de ardua jornada,
las vacas, la siembra,
la venta en la plaza,
gastaban el tiempo
del hombre que amaba.

Tejiendo dos trenzas
muy largas, doradas,
vestido de fiesta
y la boca pintada,
sentada en la silla
de guadua gastada,
miraba el camino
por donde él llegaba.

Adornó un florero
con flores rosadas
y al lado su perro
que poco ladraba,
sintió que era tarde,
las horas pasaban
y los miles besos
besarle aguardaban.

Se acercó la noche
la comida helada,
la angustia en el pecho,
el llanto en la almohada,
la rara presencia
de alguien que no estaba,
el frío tenebroso,
su espalda arropaba
y el presentimiento
del mal que rondaba.

Pasaron más horas,
la luna brillaba,
atizaba el fuego
que la calentaba,
muy lejos del pueblo,
perdida en la nada,
a oscuras su techo,
no pudo hacer nada.

Miró hacia la cima
de la alta montaña
y vio en el camino
una luz que brillaba,
se puso dichosa
y alistó la ruana,
que en muy frías noches
abrigo le daba.

Llegaron dos hombres
en mulas montadas,
con un cargamento
que al verlo asustaba,
preguntó por su hombre
que tanto esperaba,
sin una respuesta,
los hombres callaban.

Dolor en su pecho,
muy fuerte lloraba,
buscando en la carga
de mula cansada,
envuelto en costales,
con muchas cortadas,
yacía su hombre
al que tanto amaba.

Lo abrazó muy fuerte,
pero él no abrazaba,
curó sus heridas,
que ya no sanaban,
miró en su mirada,
que ya no miraba,
comprendió la muerte,
del hombre que amaba.

Los hombres en mulas
que la acompañaban,
se dieron la vuelta
y a prisa marchaban,
dejando la muerte
en la casa marcada,
por que la guerrilla
así acostumbraba.

La viuda del pueblo,
así la llamaban,
la tumba en el patio,
la siembra arrumada,
sentada en la silla
de guadua gastada,
espera al esposo
que tanto la amaba.

Nancy Mejía.

Dedicado a nuestras mujeres campesinas.

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