viernes, 12 de julio de 2013

Danilo Zárate Pacheco


Las moscas

Caronte extiende su mano
la moneda tiembla en mis dedos
la plata se arranca de mi garra

¡Oh! ¡Cómo dejaría el óbolo y el Estigia atrás!

Correr río abajo, buscar tu figura
hasta convertirme en el fantasma que te persiga
y te lleve hacia la muerte

Detrás de mí estallan todas las bombas del mundo

Caronte reclama
o me condenará a vagar eternamente
mis contradicciones se presentan otra vez
¿Qué hace que las personas amen?

Lo irremediable de la muerte
lo incuestionable de la muerte
lo inexpresable de la muerte

Un día de verano
quisiera enredarme en tus cabellos
mientras las moscas rondan, molestando.
Mirarte a los ojos,
decirte que seré tuyo eternamente
acariciar tus dedos largos,
besarte hasta decir te amo
juntar mis sueños y los tuyos.

Caronte extiende por última vez su mano
mostrando la barca con la otra,
detrás mío los recuerdos.
Los recuerdos que le hacen el amor a las palabras
los recuerdos que se enferman en mi boca
los recuerdos que son años deteriorados.

Tu boca -donde nadé y confabulé sueños-
se hace lejana, obtusa. Hasta efímera
tu imagen es una estatua de arena,
tu figura de agua.

La paga está en la mano de Caronte,
las lunas se hacen lágrimas
y la noche es de pólvora.

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